Apenas quedan sitios cuya arquitectura no haya sido levantada con el hormigón del tiempo, el martillo segundero, el plano reloj. No nos quedan ya -a este lado del muro del mundo, aún menos- parajes desiertos, territorios desconocidos, ZONAS AUTÓNOMAS donde el hombre sea elemento: apenas nos quedan huecos.
Hemos levantado plazas, teatros, edificios, jardines y zoológicos, reservas, parques y monumentos. Hemos trazado, delimitado, definido, diseñado, organizado, programado, establecido, roturado, determinado... cada rincón habitable del mundo, cada centímetro de tierra o agua. Incluso, hemos ocultado los lugares abandonados. Son los no-lugares:
Allí donde todo es grieta, hueco. En los intersticios y en los intérvalos. En las pausas. En los sueños. Y entonces flota en el aire el olor de la vida: que a veces es de las flores y, otras, de las fiestas.
La del mundo, sus gentes.


















